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“LOS OJOS DEL MUNDO SOBRE ÁFRICA”, dice el Presidente Jacob Zuma

El viernes 11 de junio de 2010, comenzará en Johannesburgo la Copa Mundial de la FIFA, que se juega por primerísima vez en suelo africano. Dado que la seguirán hinchas de fútbol de todo el mundo, representa una declaración audaz de la decisión del continente de resurgir luego de décadas de marginalización.

Desde el estadio insignia de Johannesburgo hasta los nuevos sistemas de buses rápidos en las ciudades principales, la Copa Mundial 2010 exhibirá el mayor programa de inversión en infraestructura de la historia de Sudáfrica. En tiempos de crisis económica mundial, este programa ha contribuido a colocar el país en una posición en que pueda aprovechar la recuperación global.

El programa de infraestructura va mucho más allá del fútbol. Desde el cambio de siglo, Sudáfrica se ha embarcado en un sólido programa de inversión en redes férreas y viales, sistemas de transporte público, generación de energía y telecomunicaciones. Se están construyendo nuevas escuelas y clínicas. Se está mejorando la infraestructura de nuestras pujantes ciudades.

En combinación con las inversiones del sector privado, la formación bruta de capital fijo como porcentaje del PBI subió de un 15% en 2001 a un 23% a mediados de 2009. Para el período de tres años que se extiende hasta 2012, se estima que nuestro programa de inversión pública será de más de USD 100 mil millones.

Toda esta inversión redundará en beneficios que irán mucho más allá del desafío inmediato de sostener la actividad económica durante un periodo de contracción económica. Reducirá el costo de hacer negocios, permitirá tasas de crecimiento mucho mayores y dará respuesta a las necesidades sociales del país.

A diferencia de otros países que han debido implementar planes de estímulo, el programa de inversión pública de Sudáfrica es anterior a la crisis económica. El dinero no se está utilizando para rescatar bancos o emprendimientos privados mal administrados, sino para construir caminos y escuelas.

Los países ricos deben honrar sus compromisos de aumentar su ayuda para el desarrollo de África.

Todo esto ha sido posible gracias a la buena administración de las finanzas públicas. Es más, nuestros bancos operan dentro de un marco normativo eficaz, el cual ha mitigado el impacto de la crisis financiera.

Nada de esto significa que Sudáfrica se ha salvado del impacto de la crisis global. En 2009, por primera vez en 15 años de democracia, Sudáfrica entró en recesión. Con la caída en los ingresos públicos, el presupuesto se vio exigido, y el país ha comenzado a tomar créditos. Pero lo hacemos en forma responsable; tan así es, que las agencias calificadoras de riesgo han mantenido su previsión para el país y nuestras emisiones internacionales de bonos han logrado en general una suscripción incluso excesiva.

No obstante, existen desafíos sistémicos. El desempleo sigue siendo porfiadamente alto, en parte debido a nuestra limitada base de trabajadores calificados.

Justamente por esa razón mi gobierno hace hincapié en la educación respecto de los planes para los próximos cinco años. Nos estamos esforzando por que la enseñanza básica sea la adecuada, mejorando su calidad, su accesibilidad para los pobres, y midiendo los resultados en relación con parámetros internacionales.

El otro desafío crucial es la salud. Si bien el 95% de los sudafricanos vive ahora a una distancia de 5 km de un centro médico, la expectativa de vida se ha reducido en los últimos diez años, en parte como consecuencia de los efectos devastadores del VIH/SIDA. Estamos mejorando la atención médica pública como un paso dirigido a lograr un sistema de salud eficaz y asequible que integre las capacidades de los sectores público y privado.

Éstos son los desafíos típicos de muchos países en desarrollo. Habrá que esperar a ver si la crisis económica anulará los beneficios del auge de los commodities y nuevos programas de inversión para muchas economías africanas.

Ciertamente, la crisis ha reducido la disponibilidad de crédito y ha frenado la inversión y el comercio. No debe permitirse que África retroceda. Las entidades financieras globales deben asegurar que los países africanos sigan teniendo acceso a recursos para la inversión y a mercados para sus exportaciones. Los países ricos deben eliminar las barreras al comercio y de otro tipo que sofocan el desarrollo de la agricultura de África. Deben honrar sus compromisos de aumentar su ayuda para el desarrollo de África.

La victoria comienza en casa

En última instancia, sin embargo, el futuro de África está en las manos de los africanos. La crisis económica ha demostrado muy claramente la vulnerabilidad de las economías que dependen de la exportación de commodities. Las economías africanas deben desarrollar su capacidad de manufactura y aprovechar el enorme mercado aún no aprovechado que representa el continente en forma colectiva.

De algo estamos seguros: si existe una parte del mundo con potencial de crecimiento exponencial para las próximas décadas, ése es el continente africano. Dicho potencial engloba desde la extracción y el procesamiento de recursos minerales, y el desarrollo de infraestructura hasta la producción de bienes y provisión de servicios para una población empleada y de clase media que se encuentra en aumento.

Los pronósticos para África en 2010 son buenos. Incluso hasta pueda ser el año en que por primera vez un equipo africano sostenga en alto el trofeo de la Copa Mundial de la FIFA.


 

Fuente: The Economist- 13 de noviembre de 2009

 

 

 
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